El arte no necesita permiso permiso
Vivimos en una época en la que todo parece necesitar aprobación: del algoritmo, del público, del mercado, de la institución o de esa criatura mitológica llamada “tendencia”. Pero el arte interesante rara vez pidió permiso.
Al contrario, el artista incómodo, el que se equivoca, el que exagera, el que molesta un poco y obliga a mirar dos veces sigue teniendo una ventaja frente a todo lo demás: no necesita justificar su existencia con una estadística.
Quizá deberíamos preocuparnos menos por cuántas personas miran una obra y un poco más por lo que ocurre cuando alguien se detiene delante de ella.
Menos algoritmo y más riesgo.
#Arte #Cultura #Creación #Opinión
Vivimos en una época en la que todo parece necesitar aprobación: del algoritmo, del público, del mercado, de la institución o de esa criatura mitológica llamada “tendencia”. Pero el arte interesante rara vez pidió permiso.
Al contrario, el artista incómodo, el que se equivoca, el que exagera, el que molesta un poco y obliga a mirar dos veces sigue teniendo una ventaja frente a todo lo demás: no necesita justificar su existencia con una estadística.
Quizá deberíamos preocuparnos menos por cuántas personas miran una obra y un poco más por lo que ocurre cuando alguien se detiene delante de ella.
Menos algoritmo y más riesgo.
#Arte #Cultura #Creación #Opinión